Desde cuando era una niña, para llegar a mi Colegio "La Providencia" en el cual me eduqué, siempre tenía que cruzar por la Plaza De La Independencia, al pié del Palacio de Gobierno.
Miraba con curiosidad a mucha gente mayor, hoy llamada "de la tercera edad", que elegantemente vestidos con su terno de casimir, ocupaban casi todas las bancas de la Plaza. Conversavan muy amenamente, y reían alegremente. En el libro escrito por Edgar Freire Rubio "Quito, tradiciones, testimonios y nostalgia", nos relata sobre esta sana costumbre de la reunión de los jubilados.
En el presente,también se reúnen en un café en el barrio de La Mariscal, para rememorar el viejo Quito. Dice la gente que aquí van los más pudientes, o sea los que tienen una situación económica más holgada. Hay muchos que viven en las afueras de Quito, como en San Rafael, Cumbayá. Cuentan sus anegdotas de cuando trabajaban. Compañías como la General Motor. También hay periodistas retirados: fotógrafos. Unos llegan conduciendo su propio vehículo y otros utilizando los buses públicos. Pero no faltan a la cita. Se entretienen mirando a la gente caminar apresuradamente, en dirección a sus trabajos. Otros miran la TV, CNN en español. Otras veces se enfrascan en discusiones sobre política nacional. Les gusta estar enterados leyendo los diarios matutinos.
En mi último viaje a mi querida ciudad de Quito, observé en los cafetines de La Mariscal,que había entre los jubilados, desde quizá 60 años hasta 82 y más. Conversé con uno de ellos, y muy risueñamente me dijo: "acompáñenos y verá que la pena se le vá" . Su cabeza blanca como la nieve se destacaba de entre todos los que ocupaban las mesas a esa hora del día. Al caer la tarde, se retiran, seguramente hacia sus hogares. Pronto comienza a llenarse los cafetines de jóvenes del Quito noctámbulo.
En este mismo barrio de La Mariscal, se encuentra mi querida y recordada Iglesa "Santa Teresita". Antes de radicarme definitivamente aquí en esta bonita y turística ciudad de San Antonio, TX, Estados Unidos de Norte América, trabajaba como voluntaria en Santa Teresita. Enseñaba arte. Las profesoras no teníamos sueldo,pero las alumnas si pagaban una módica pensión, misma que servía para incrementar el presupuesto del dispensario médico, mismo que proporcionaba atención a las personas que llegaban del Oriente Ecuatoriano.
Hoy como ayer los jubilados, tanto de la Mariscal, como los de la Plaza de la Independencia, forman parte de las "costumbres " de la bella ciudad de Quito,




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